La Barceloneta contra el turismo desmedido

La Barceloneta contra el turismo desmedido

SHYLEAN JARRAHA

Ahora La Barceloneta es conocida como epicentro turístico de playa, bares y tapas, pero los residentes de la ciudad conocen este triángulo de tierra al borde del mar, entre el Port Vell y la playa, como un barrio de antiguos pescadores y trabajadores de la metalurgia.

Es un barrio que todavía siente como un pequeño pueblo. Isabel Centeno, historiadora de la Casa de La Barceloneta, comenta que al hablar con su gente “te dirán que ellos van a Barcelona de visita.” Este sentimiento del pueblo aún existe pero la cara y el ambiente del barrio está cambiando por el turismo y ahora la gente está luchando en contra de los pisos turísticos ilegales y están cansados de que los extranjeros no les respeten. Y merece respeto porque a pesar de llamarse La Barceloneta por ser el barrio más pequeño dentro de la Ciutat Vella, sigue conservando un alma grande. Un alma llena de historias, gente amable y humilde, y un sentimiento de unidad que es insustituible.

La Guerra de Sucesión en 1714 dejó el barrio de la Ribera en una destrucción parcial, y los habitantes tardaron 40 años en construir este nuevo núcleo urbano. Se construyeron las casas en un estilo barroco. El primer edificio destacado fue la Iglesia de Sant Miquel del Port, que aún sigue en la plaza Barceloneta y al lado está la casa donde entre 1842 y 1848 residió Ferdinand de Lesseps , el diplomático francés que desarrolló el Canal de Suez.

La Barceloneta fue el primer barrio fuera de la muralla de Barcelona, que es un hecho crucial para entender por que, desde el primer momento, los habitantes del barrio se sienten y se definen como unos barceloneses singulares. Y aún, hoy en día, la gente demuestra su orgullo por el barrio a través de las banderas del barrio, que cuelgan de sus balcones como gesto reivindicativo de su identidad.

La identidad de La Barceloneta siempre ha estado en un desarrollo constante, tanto en arquitectura como en gastronomía y vida nocturna. El único edificio de esquina en estilo barroco del siglo XVIII, que aún existe, es la Casa de La Barceloneta que se construyó en 1761. Isabel Centeno dice: “Esta casa se ha quedado el Ayuntamiento porque fue una lucha vecinal, la Asociación de Vecinos también estaba por el medio porque era la única casa que quedaba original del barrio hacía la esquina. Las casas antiguas, el Ayuntamiento no las tiene protegidas y las queremos protegidas.” Las primeras viviendas eran casas de planta baja y piso. El exterior tenía una forma similar en todos los edificios y cada uno tenía un color distinto.

Después de la Guerra Civil, otros países comenzaron la importación de bienes a Barcelona y su primera parada era el puerto que pertenece al barrio. En los años 80 esos negocios no eran muy dignos, porque había mucha droga, específicamente heroína. El problema de la droga en el barrio era bastante marcado y el barrio quedo muy mal y tenía mala fama. “Hay una generación perdida, que son los de los años 80,” afirma Isabel.

Pero con los Juegos Olímpicos en 1992, el gobierno ha “limpiado” el barrio, ha destruido grandes almacenes y ha transformado los chiringuitos en restaurantes al gusto del turismo, todo para que el puerto de La Barceloneta fuera atractivo al mundo que llegaba a Barcelona por los juegos.

Con el nuevo siglo, en la costa, la Discoteca Opium Mar y el Bar Eclipse del Hotel W han cambiado el paseo marítimo hacía el turismo de lujo y por las calles de La Barceloneta se encuentran bares muy modernos que reemplazan el típico bar del barrio. Sin embargo, sigue habiendo típicos bares de tapas como el Bar Jai-Ca cuya especialidad son los mariscos y un ambiente concurrido. Otro bar de tapas, La Bombeta, sirve “la bomba”, típica del barrio, que es un puré de patatas que luego se fríe y se rellena de carne picada con una salsa picante.

Ahora conocemos el barrio orientado hacía el turismo, pero esto no representa la gente que ha nacido y vivido allí toda su vida: aún existe su cultura vibrante, que sobrevive en sus muchas historias.

Una visión antigua del barrio. La historia de Juana Gómez Martínez

Juana Gómez Martínez (Girona, 1923), residente del Casal de Gent Gran de La Barceloneta, ha vivido una gran parte de su vida en el barrio. Viene de una familia del muelle de pescadores, y tiene muchos recuerdos sentimentales de este sitio. Ha residido en La Barceloneta desde los 5 años en la Calle San Telmo 7 y desde que su marido murió hace unos años, pasa los días en el Casal de Gent Gran, pero en sus palabras está muy “contentica” porque tiene amor y cariño.

Cuando ella habla sobre La Barceloneta del pasado su cara brilla y su sonrisa es genuina. Incluso aunque ella pasó una temporada dura de la Guerra Civil y vio como La Barceloneta fue bombardeada desde la azotea de un edificio en Plaza España donde su familia trabajó como porteros mientras se refugiaban en el metro.

La Barceloneta antigua siempre formará parte de su espíritu apasionado y trabajador. Juana dice: “El barrio me gustaba más el antiguo que el moderno, porque teníamos mucha libertad. Cuando iba a comprar alguien siempre me invitaba a comer. Todo estaba más abierta y había más comprensión y amor. Antes era muy humana y divina y la gente se conocía. Sentimos como una familia. El mercado es más señorial ahora. Antes no era tan lujosa, era rústica, como nosotros antes.”

Juana también se siente afectada por el turismo y cree que ahora el barrio es menos seguro. “Aquí roban. Me han atracado tres veces:  Me han tirado el bolso de la mano y otro día lo puse en el suelo y me lo quitaron. También una vez llegando a mi casa, me cogieron entre dos personas. Yo empecé a gritar y mi marido ha salido de la casa a ver qué pasaba, y me dejaron. Por eso sola no quiero ir. Además que no veo mucho y antes de atracarte te están vigilando.. 7 o 8 días. Ahora tengo miedo de irme de aquí para mi casa.”

Además de la inseguridad que causa el exceso de turismo, también en el barrio hay muchos problemas con los turistas que no respetan a la gente local. “Creo que está bien el hecho que vengan porque a nadie se puede prohibir la entrada, pero que nos respeten y no nos están respetando. Pero no me puedo quejar tanto porque en mi calle no hay gritos ni nada pero en las otras sí hay botellón y tiran todo al suelo. Hay muchos reuniones para controlarlo pero no creo que al final puedan echar a la gente”, añade ella.

Juana y más gente del barrio de La Barceloneta creen que debe haber un turismo más tranquilo y una forma de introducir esto es abolir los pisos turísticos que son ilegales en el barrio.

“Cap Pis Turistic”

 Las banderas de “Cap Pis Turistic” (Ningún piso turístico) son una característica del barrio ahora mismo y una lucha constante de la gente y de la Asociació de Veïns de La Barceloneta. Tras las manifestaciones de los vecinos de este verano, organizado por la Asociación, el Ayuntamiento ha empezado una campaña de inspecciones de pisos turísticos ilegales. En esta campaña han detectado 170 pisos ilegales y de estos 161 tienen el orden de cese de actividad y nueve tienen que ser precintados. Todos los dueños de estos alojamientos tienen que pagar una multa de al menos 9.000 euros.

La investigación sigue en marcha, pero todavía es insuficiente porque aún siguen muchos pisos ilegales. Maria Jesús Vidal, colaboradora en la  Asociació de Veïns de La Barceloneta, dice: “Ahora estamos negociando con el Ayuntamiento y dicen que no van a dar ni un piso más y que todo va a quedar en “stand by” porque entienden que todo está muy saturado. Hay 69 apartamentos legalizados y en las páginas web llega a ver hasta 600, entonces la administrativa va a poner un poco de orden y a ver lo que pasa”.

¿Cómo empezaron las manifestaciones de la gente este verano? Según María Jesús es porque “la gente ha ido aguantando pero ya no podían más. En general había condiciones poco cívicas y los turistas no respetan a la gente porque la Barceloneta se vendía como un Ibiza, de fiesta, drogas, y perder el control”.

Los pisos miden aproximadamente 35 m2, lo que es atractivo para los turistas porque puede servir como un espacio de paso. Según Oriol Casabelle, el presidente de la Asociació de Veïns de La Barceloneta, “el eje vertebral de la plataforma es el tema de los pisos ilegales porque la gente se siente expulsada de su propio barrio”.

El 14 de agosto de 2014, hubo una asamblea de vecinos que expresaron su oposición a los pisos ilegales.Luego hubo una manifestación al final del mes y también durante el Festival de Cañon, el 29 de septiembre, que sirvió como un acto reivindicativo del barrio”.

Antoine Tanqueray, un ex-residente francés, explicó que cuando vivía en el barrio había 10 pisos ilegales en su edificio. Le molestaba mucho porque los turistas hacían mucho ruido y no podía dormir ni trabajar en su propia casa. La gente del barrio no le trataba mal porque vivía allí y se sentía tan parte del barrio que participó en las manifestaciones en agosto.  Con este tema por bandera, Asociació de Veïns de La Barceloneta unió mucho a la gente, incluso de los otros barrios de Barcelona que tienen el mismo problema.

La población de La Barceloneta quiere el respeto que se merece, y sus habitantes se manifiestan para conseguirlo. Su alma sigue viva a través de la sinceridad de la gente, de los sonidos de la música flamenca, característicos del barrio, que brota de las casas y del olor a pescado que recuerda a su pasado humilde.

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