El nuevo Born deja atrás la tradición

El nuevo Born deja atrás la tradición

LAURA ROJAS Y NATALIE DONBACK

La Ribera es el nombre de una tienda de alimentación especializada en bacalao situada frente al antiguo mercado del Born. Desde el año 1948 ha sido un negocio de la familia Clavera. En aquella época, la vida del barrio se concentraba alrededor del mercado. Gracias a ello, muchas tiendas alimentarias prosperaron. Sin embargo, el cierre del mercado en 1971 significó la extinción de mucho de estos negocios. Algunos lograron sobrevivir, entre ellos, La Ribera.

Es una tienda rústica: las balanzas son las de siempre y el olor de bacalao y aceitunas predomina en el ambiente. Aquí vienen a comprar “señoras del barrio” pero también gente de afuera que hacen excursiones para venir a una tienda donde parece que el tiempo se ha detenido. Es un viaje nostálgico que la gente mayor a veces se permite. En la caja, Aleix y Gloria, padre e hija, cobran a sus clientes. “Aquí siguen viniendo clientes de toda la vida” cuenta Gloria, la bisnieta del fundador.

Pero la tienda se encuentra en una situación frágil. El proceso de instalación de residentes con alto poder adquisitivo por cual ha pasado el barrio ha resultado en el incremento de los alquileres. “Como el barrio se ha puesto de moda, muchos de los negocios no pueden sobrevivir los altos alquileres”.

Muchas de las tiendas tradicionales que quedan todavía tienen la renta antigua, explica Gloria. Puede ser que La Ribera tenga que cerrar dentro de 5 años cuando se acaba su contrato de alquiler. “Si aumenta 10 veces, tendríamos que cerrarlo”.

La popularidad del barrio también ha resultado en la apertura de muchos bares y restaurantes, lo cual ha su vez ha traído muchos clientes: no es tan fácil presentar el turismo como algo totalmente negativo.

Un modelo de masas

Barcelona ha vivido una transformación de su actividad turística tras los Juegos Olímpicos en 1992. Sé lanzó una campaña publicitaria y se desarrollaron proyectos de infraestructura. El número de visitas ha crecido de manera exponencial, según la oficina de Turismo de Barcelona, en 1990 el número de turistas fue 1.732.902 y en el 2012 se estimaron 7.440.113.

En la ciudad se ha desarrollado, desde 1990, diversos “Planes Estratégicos de Desarrollo Turístico”. El énfasis ha sido atraer una mayor cantidad de turistas y “posicionar a Barcelona en el contexto internacional como una ciudad moderna y competitiva, con calidad de vida.” Según cifras oficiales, el turismo representa el 12% del PIB. En el 2011 recibió 82 millones de visitantes, lo que generó un gasto de 15.197 millones de euros. No obstante, lo anterior no debe ser un impedimento para apostar por un turismo sostenible, amigable y de calidad, tal como estableció en el Plan Estratégico de Turismo de Cataluña 2013- 2016.

Roger Puigví i Fernández, consejero técnico del distrito, comenta: “tenemos que afrontar la gestión urbanística del éxito, algo que no se ha hecho hasta ahora. No hay que ir a menos turismo, es importante para nuestra economía, sino hacer que el turismo impacte  menos.”

El cambio vivido en el Born

“La gente no tiene ningún problema con el turista, el problema es que venga, conviva y respete al resto del barrio.”, dice María de Jesús, dueña de “el Herbolari”, otro de los pocos negocios que siguen abiertos.

El modelo turístico ha generado un turismo de masas, concentrándose en unos pocos lugares de interés turístico. Born es uno de estos, no solamente por Santa María del Mar y el museo Picasso. Aquí viene el turista de “shopping” para comprar en las tiendas chic que se han establecido en el barrio, como explica Rosa Domínguez, profesora de la Escuela Universitaria de Turismo Euroaula. Otros vienen a tomar mojitos en el Paseo del Born: los ruidos que acompañan el ambiente fiestero y los pisos turísticos han hecho que muchos de los vecinos hayan marchado.

“Cada seis meses se me despiden de 6 a 8 clientes. Se van a otros barrios; algunos porque se les acaba el alquiler que tienen y no pueden pagar el nuevo precio, y otros porque están cansados de este tipo de vida, de un barrio sin familiaridad y tejido social.” explica la dueña del Herbolarí. Por ejemplo, Carles Sánchez, un vecino del barrio, cuenta que “estoy solo en el castillo (su casa). Los demás son pisos turísticos. Los vecinos se han ido, se van de aquí y alquilan algo más barato para poder alquilar su casa y de esto viven”. Según él, son los propios vecinos los que descomponen el tejido social del barrio.

Según Puigví, el potencial de ingreso es más alto en los barrios con muchos turistas. “Si la gente no compra suficientes pollos, entonces el propietario de esta tienda prefiere tener una tienda de ropa.” Desde el punto de vista administrativo, no se puede regular este fenómeno debido a las directivas de la Unión Europea  de máxima liberalización que no permiten intervención en el mercado. Está desaparición de comercios de proximidad es una de las razones por las que los vecinos se van del barrio.

“Yo pago diez veces más de lo que pagaba el anterior dueño”, dice José María Teixer, quien alquila un local que antiguamente era un negocio familiar de granos. Lo convirtió en Casa Perris manteniendo su imagen tradicional. Asegura que debe haber mayor protección de los establecimientos antiguos por parte del Ayuntamiento, además esté debería ser un moderador para que propietarios e inquilinos lleguen al entendimiento. “Es duro porque nosotros no vendemos zapatos de 600 euros. Vendemos arroz y para llegar a un beneficio tienes que vender miles de kilos.”

Otras visiones del turismo

El partido político Guanyem propone: “una ciudad sin guetos turísticos, con un equilibrio entre actividades. Creemos que, a través de planes de usos y una estrategia de dispersión turística, ya no se producirían los fenómenos de masificación que hemos conocido.” También quieren redistribuir la riqueza proveniente de la tasa turística en servicios para la ciudadanía, en lugar de promoción de turismo.

Josep Gala, profesor de la Escuela Universitaria de Turismo Euroaula, cuenta que con este modelo “no se tiene en cuenta a las personas. El ayuntamiento debe intentar que sus planes de desarrollo turístico sean participativos, y que tiendan hacia un modelo sostenible económico, ambiental y social.”

Un futuro inseguro

Paseando por el Born se encuentran muy pocas tiendas de proximidad, y de hecho, muy pocos vecinos. Está al borde de convertirse en un “parque temático” según Gala.

Grandes marcas de ropa como Custo y Desigual tienen sus puertas hacia la plaza dónde antes se encontraba el antiguo mercado. Son pocas las tiendas que han logrado sobrevivir a la perdida de vecinos y los incrementos de alquileres. La Ribera, Casa Perris y El Herborali por vocación o necesidad, no se han resistido a quedar postradas en el olvido.

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