Juguetes y talleres creadores de sonrisas

Juguetes y talleres creadores de sonrisas

 CYNTHIA OVIEDO

Al entrar había juguetes por todos lados, libros, disfraces, rompecabezas, vestidos de princesas y al fondo una mezcla de voces de niños y olor a galletas. Un dragón mágico llamado Paff se ha apoderado del barrio de Sant Andreu para hacer feliz a  todos los niños que quieran jugar con él.

Este es el negocio de Montserrat de Diego Morera (Sant Andreu, 1978), una mujer rubia con el cabello corto y liso. Se considera extrovertida, alegre, inocente y servicial. Su estilo es moderno pero siempre lleva un delantal negro para no ensuciarse durante las actividades. Se comunica mejor en catalán, ya que siente que cuando habla castellano se está traduciendo.

Ella y su socio Antoni Sanroma Borrel son los propietarios de la tienda El Cau d’en Paff, donde ofrecen talleres y juguetes autodidácticos.  El nombre de la tienda nace por una canción interpretada por Joan Manuel Serrat. La mayoría de los artículos que se  venden son  artesanales, como la marca Lafabricadekrto, con piezas de cartón para construir desde la Sagrada Familia hasta una silla y un escritorio.

Montserrat mantuvo una buena relación laboral con Antoni, quien fue su jefe en la constructora San José cuando trabajaban juntos en el proyecto del tramo Moncada-Mollet del AVE. Tras haberse quedado en paro decidieron iniciar el negocio de la juguetería el 7 de Septiembre del 2013.

Richard Bailey, un fotógrafo que ha trabajado con Montserrat en la tienda, dice que en estos tiempos solo una aventurera como ella comienza un negocio. Con espíritu viajero, decidió ir a lugares como Centroamérica -a una ONG- e India con sólo veinte años. Muchas de estas vivencias le abrieron los ojos a otras culturas.

Pero ahora esas aventuras han acabado. Hoy tiene una hija de 8 años que llegó a su vida de una manera inesperada.  Cuando tenía 28 años, le detectaron lupus y se encontraba en un estado muy delicado, casi no vivía para contarlo. El doctor le dijo que no podría quedarse embarazada, aunque en el futuro nacería “su” niña.

Montserrat tiene la virtud de ayudar, ya que no solo quiere vender, sino también educar. Algunas madres que acuden regularmente a las actividades explican que “Montserrat es muy agradable y tiene mucha paciencia con los niños” y que “es muy cercana, además los precios de los talleres autodidactas son razonables y a los chicos les encantan”. Ese mismo día realizaban un taller en el que se hacían galletas de navidad por siete euros.

La instructora del taller es Ana Pratz, que vive en el barrio. “Montserrat recibe a todos aquellos que tengan propuestas para algún taller y para los niños. Mírame, aquí estoy dando clases”, comenta Pratz.

Montserrat y su socio también se han propuesto ayudar a los de Sant Andreu. La reconstrucción del local fue llevada a cabo por un arquitecto local. El diseño interior y los murales, que muestran edificios muy conocidos del barrio, son de un artista local. Se realizan actividades como aprender catalán mediante juegos sin coste alguno.

Ella siente que han logrado mucho en poco tiempo. Uno de estos logros fue ganar un premio en 2014, el Comerç cultural de proximitat. Es  muy querida por sus clientes. Todos han llegado a ser una familia, a muchos les conoce por su nombre. “Un día pasaba por la escuela donde muchos de los niños estudian y al verme, todos gritaban mi nombre y daban golpes para llamar mi atención”, comenta Montserrat.

Como plan de futuro, le encantaría realizar un curso de maquillaje artístico o de body paint, aunque en este momento no puede pagarlo, pero sabe que algún día los realizará. También le encantaría dedicarse a crear más espacios para niños o adultos,  y así tener un lugar donde todos puedan crear diferentes expresiones artísticas

Desea que su negocio vaya bien, ya que la navidad es la época donde pueden vender un poco más, pero también sabe que es un periodo  difícil para muchos padres.

Muchas veces se deja llevar por los sentimientos. En diciembre del año pasado, llegó una chica con una niña que estaba en estado vegetativo. Ella estaba a punto de cerrar el local en Nochebuena y no encontraban el juguete adecuado que pudiera llevarse a casa. Necesitaba algo que emitiera algún sonido y al final encontró una pandereta guardada en el almacén, así que decidió regalársela.

Cuando la señora abandonó la tienda Montserrat rompió a llorar.


Fe de erratas

En una versión anterior el título y el extracto de este artículo indicaba que era un lugar de talleres y no una juguetería.

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