Una tribu urbana individualista y consumidora

Una tribu urbana individualista y consumidora

NATALIE DONBACK, MERCED MUÑOZ Y ANA LISTE

Es difícil definir a un hipster. Y eso que los principales medios anglosajones lo han intentado. “Nadie se auto-identifica con ello, casi se ha convertido en una palabra código”, cuenta el historiador de arte Matt Lodder al diario británico The Independent. Hay muchos interrogantes sobre los nuevos modernos. El editor jefe de Vice, Alex Miller, afirma en The Guardian que “el término hipster simplemente se ha convertido en una palabra que significa lo contrario a auténtico”.

“El término hipster surgió en los años cuarenta”, según la revista Mic. Se compara con la generación Beat de los años cincuenta y sesenta, caracterizada por un sentido fuerte de alienación de las actividades y relaciones sociales más convencionales. Autores de aquella generación, como Jack Kerouac y Allen Ginsberg, eran los hipsters de su tiempo: que a través de su literatura intentaron cambiar la sociedad y la concepción de lo que era “normal”. Los libros de estos autores (la novela En el camino del primero; el poema Howl del segundo) siguen siendo una de las principales influencias de esta cultura.

A lo largo del tiempo, las características del hipster han ido cambiando. Hoy, según Dictonary.com, es “una persona, por lo general joven, que es trendy y un adelantado a su tiempo: alguien hip (moderno, cool)”, aunque ahora se preocupan más por qué marca llevar que por cambiar su sociedad.

Cultura hipster

Bjørn Schiermer Andersen, profesor de sociología en la Universidad de Copenhague, comenta a The Independent que “las subculturas suelen definirse en oposición a la sociedad. Pero si esto es su definición, te quedarás decepcionado con los hipsters”.

“La vida hipster es emprendizaje, meritocracia y elitismo. La cultura post-15M debería ser más empática, igualitaria y colectiva”, sentencia Víctor Lenore, autor del libro Indies, hipsters y gafapastas, en una entrevista en El Cultural. Los críticos vinculan siempre el término hipster con consumismo, por lo tanto, como una consecuencia del capitalismo y la globalización. Una subcultura que no podría haber existido sin ese caldo de cultivo.

En el Raval, el barrio más multicultural de Barcelona, conviven personas de rentas muy distintas. Los modernos han encontrado un sitio entre tanta oferta de ocio: José Miguel Sevilla es un ejemplo de ello. Regenta Nuovum, una pequeña tienda de “concepto nórdico, muy clean” que alberga los diseños de 25 creadores jóvenes.

Sevilla es un hipster amable que lleva la barba concienzudamente descuidada y prendas oversize. Como a muchos modernos, le gustan los objetos exclusivos y la ropa alternativa “no masificada”, eso es lo que vende en su tienda. Asume que los hipsters españoles valoran el diseño exclusivo pero no se lo pueden permitir. Sin embargo, Lenore asegura que “la cultura hipster es hiperconsumista”. A diferencia de otras tribus urbanas como lo hippies que creaban comunidad, los hipsters se caracterizan por el individualismo y la búsqueda interminable de lo único.

Tres maneras de identificar al hipster

Bicicletas y “postureo”

Si cada tribu urbana tiene su medio de transporte [como los mods tenían las Vespas] los hipsters han elegido las dos ruedas de la bicicleta para moverse por las urbes. “Es el virus más letal de los últimos cinco años”, sentencian en una columna de PlayGround.

Shawn Sayles solo se mueve en bicicleta desde que llegó a Barcelona. Es profesor en la Escuela Superior de Administración y Dirección de Empresas (ESADE) y antiguo skater profesional. Este canadiense asegura que “la bici es un estilo de vida y te mantiene fuerte”. “Ahora la mayoría se compra una bici porque están de moda, se gastan hasta 600 euros y se cansan muy pronto”, añade.

Estética Retro

Vuelta al pasado. Lo que fue tendencia vuelve a estar de moda como si de algo nuevo se tratase. Pantalones de cintura alta, sudaderas oversize y camisas de cuadros son las prendas icónicas de esta tribu urbana. En el Raval se encuentran varias tiendas de segunda mano, Holala Vintage en la calle Tallers es una de las más grandes. Venden prendas de ropa que son como tesoros para los hipsters. Pero el término segunda mano no significa que los precios sean asequibles, al contrario, una prenda vintage puede llegar a costar lo doble que otra nueva en grandes cadenas.

Aunque no solo las tiendas de ropa se ajustan a las tendencias del pasado, también existe una gran gama de productos descatalogados que caracterizan la cultura hipster. Los modernos han conseguido poner de moda las cámaras Polaroid y son fieles a las analógicas de colores de Lomography. También usan aplicaciones de smartphone como Instagram, con filtros para dar un toque vintage a sus fotos. Además, prefieren el tocadiscos frente al MP3 y hacerse sus propias bufandas de ganchillo.

El giro hacia lo Normcore y Twee

La tendencia Normcore se aleja de lo que el mundo hipster antes consideraba cool -la autenticidad- para entrar en una era de post-autenticidad donde se aspira a ser normal. The Guardian puntualiza que esto es “una reacción a la mercantilización de la individualidad y se aleja de la noción de que se puede llegar a ser diferente comprando ciertas marcas y siguiendo determinadas tendencias”.

El escritor Marc Spitz vaticina el fin del hipsterismo en su libro Twee: la apacible revolución de la música, los libros, la televisión, la moda y el cine, y adelanta el reinado de los twee [vocablo que viene de cómo los bebés pronuncian sweet (dulce) en inglés]. Este movimiento aglutina miles de seguidores en Estados Unidos, reúne a “jóvenes simpáticos, educados, comprometidos, sensibles y nada engreídos”. Fieles al estilo de la actriz Zooey Deschanel y fans de las películas de Wes Anderson. “Los twees no tienen capacidad para la maldad pero es inevitable que sean anti-hipster y detesten lo cool”, certifica Spitz.

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