El abrigo de otro

El abrigo de otro

TXELL PARTAL Y ANA GONZÁLEZ LISTE

Las bajas temperaturas se han instalado en Barcelona, diciembre está cerca y en el ropero de la parroquia de Trinitat Vella aumenta el trabajo. Antes de las 10.00 ya hay gente esperando fuera, para muchos es su primera vez. Entre ellos está Carmen, una cara conocida del barrio de Trinitat Vella por su implicación social.

Las voluntarias del ropero se sorprenden al verla. No va sola. Acompaña a Mohsing, un joven de 19 años que lleva navegando desde los once, cuando ingresó en un centro de acogida para menores. “Hace un año que el sistema me abandonó, me dejó sin casa ni dinero”, lamenta. Al cumplir la mayoría de edad lo echaron del piso tutelado que compartía, sin ayudas para afrontar el futuro.

La familia de Carmen lo sacó de la calle hace unos meses dándole un techo bajo el que dormir. Pero su economía doméstica está en horas bajas. Ella padece insuficiencia cardíaca y le han encontrado un tumor en el oído, está pendiente de que le concedan la invalidez. Hoy acuden juntos al ropero en busca de la ayuda que Carmen ya no le alcanza a dar. Lo habitual es que la ropa solicitada se entregue al cabo de una semana. Pero a Mohsing le dan un abrigo para hacer más llevadera la espera. Las voluntarias de Trinitat Vella están acostumbradas a hacer excepciones en los primeros días de frío.

Cuando hace quince años se organizó el almacén de ropa no estaban acostumbradas a escuchar este tipo de historias. “Algunos que antes nos ayudaban, ahora tienen la necesidad de venir a pedir”, dice Margarita, responsable del almacén. El perfil de los beneficiarios ya no es únicamente el de personas inmigrantes o mayores que viven solas.

Actualmente los más castigados por la crisis son las familias con niños pequeños y los adultos en edad de trabajar, provenientes de la clase media, que se han quedado sin prestaciones. Según el Balance de acción social de Cáritas Barcelona, en 2007 solo el 24% de los atendidos había nacido en España mientras que esa cifra aumenta al 48% en 2013.

Iluminada, coordinadora del ropero de Trinitat Vella, asegura que “antes se guardaban las fichas de usuarios solo dos años porque la mayoría salía del bache en ese tiempo; en cambio ahora hay más gente que sufre pobreza crónica”. El pasado año Cáritas atendió a 276.595 personas en Barcelona, lo que equivaldría al aforo del Camp Nou y el estadio del Cornellà-el Prat multiplicados por dos. En los últimos siete años se ha doblado la demanda de atención social debido a la saturación de los recursos públicos.

Como Antonia y Pere, muchos otros catalanes han agotado su subsidio por desempleo. Ellos llegan a esta parroquia por recomendación de los asistentes sociales que recurren a estos colectivos para suplir las carencias del sistema. Ambos llevan tres años sin encontrar trabajo. Ahora Pere va cada día a un comedor social lejos de su barrio. Y Antonia, visiblemente abrumada, acude dos veces al año a Trinitat Vella para cubrir sus necesidades de vestimenta y de ropa de casa; usar zapatos de otro le parece demasiado.

Este jueves en la parroquia atendieron a 15 personas y apuntaron otros 14 pedidos para la próxima semana. En la entrada de los locales de la iglesia, unos llevan carritos de la compra y esperan ordenadamente a recibir sus bolsas, ticket en mano. Otros hacen cola para reunirse con Iluminada y rellenar su ficha de necesidades. Cabizbajos, con la mirada perdida, permanecen en un silencio que solo rompen los niños jugueteando en la sala de espera.

“El número de familias numerosas que acuden a nuestro banco de ropa infantil se ha duplicado por la crisis”, explican los responsables de la Fanoc (Federación de familias numerosas de Catalunya). El ropero, pensado para adultos, se ha visto obligado a hacer frente a las necesidades de familias con bebés. Al almacén no solo llega ropa sino que cuentan con carritos y juguetes. Una silla de paseo que habían donado esa misma mañana se marchó el jueves con una nueva dueña y su hija.

“A veces te toca la lotería”, apunta Iluminada, ya que en estos casos no siempre se consigue ayudar porque dependen de las donaciones.

Este ropero es famoso gracias a su colaboración con el Pare Manel, un conocido cura que lleva años dedicado a la acción social y posee numerosos contactos que realizan donaciones de ropa. “No hay día que no nos lleguen dos o tres paquetes”, confirma Margarita. Su popularidad hace más visibles las necesidades y fomenta que los donantes acudan a ellos. Al contar con tanto material, desde aquí se reparte a otros colectivos como el Xiringuito de Dios, asistentes sociales del Verdúm y La Prosperitat o gente de la prisión. Además, lo que no pueden aprovechar éstos se cede al Reto, una organización que lo arregla para su venta contratando a personas en riesgo social.

Cáritas Barcelona no dispone de cifras exactas sobre la cantidad de ropa que se reparte ni a cuánta gente beneficia. Al contrario de lo que ocurre con el Banco de Alimentos donde la recogida y distribución están centralizadas, en los roperos son las parroquias individualmente las que gestionan su material. Sí se conocen los datos facilitados por el  Ajuntament de Barcelona que reunió 516 toneladas de ropa gracias a su servicio domiciliario de recogida desde 2013. Esta cantidad se cedió a la Fundació Fomació i Treball –impulsada por Cáritas– para su adjudicación.

Un jueves más termina el reparto de ropa en Trinitat Vella viendo salir a Carmen y Mohsing un poco más sonrientes de lo que han llegado. Volverán a por más ropa y mantas para que el chico pase el invierno. El trabajo que hacen aquí va más allá: consiste en dignificar a las personas, escucharlas y apoyarlas en estos duros momentos. Al mediodía las voluntarias vuelven a su vida sabiendo que esta batalla no termina hoy. La próxima semana les esperan más historias, nuevas caras con demandas similares.

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