“Huertos de vida”: La liberación de los espacios muertos de Vallcarca

“Huertos de vida”: La liberación de los espacios muertos de Vallcarca

MARTA VALLCANERA

El domingo por la tarde, Xavier, un joven vecino del barrio de Vallcarca, se dirige al huerto urbano para regar. Vestido con unos tejanos oscuros -con pequeñas manchas de pintura blanca- y con una sudadera de aspecto vieja y algo desteñida abre la puerta del huerto mientras saluda a los vecinos que se encuentran trabajando en su interior. Allí, Xavier, además de cultivar sus propias hortalizas ecológicas, se reúne con sus amigos y se relaciona con los habitantes del barrio mientras comparten charlas y alguna que otra anécdota.

Cuando empezaron las demoliciones, en el año 2008, la vida de los habitantes de Vallcarca empezó a deteriorarse y limirtase. “Desaparecieron numerosos espacios comunes a causa de la reforma urbanística, lo que provocó que sus habitantes perdieran los principales puntos de encuentro donde se realizaban todas las actividades del barrio”, dice Francesc Roma, técnico del Coll-Vallcarca. Una de las principales consecuencias de la desaparición de los espacios públicos fue la fractura entre las relaciones de los vecinos del barrio, así como, la pérdida de identidad de la zona del centro de Vallcarca, conocida como La Farigola.

Con el paso de los años y coincidiendo con la llegada de la crisis económica, las constructoras se arruinaron y cada vez eran más los solares que quedaban abandonados y sin uso. Éstos se vallaban, para evitar que se pudiera entrar en su interior, mientras las malas hierbas se apoderaran de ellos. “Ante esta situación de degeneración y envejecimiento, muchos habitantes, juntamente con las Asociaciones de vecinos y el Ateneu Popular de Vallcarca (APV) decidimos darles un uso activo a los solares vacíos, al mismo tiempo que reivindicábamos contra la especulación urbanística del barrio”, explica Marc, miembro del APV. Así es como surgió la idea de crear el huerto urbano comunitario, situado en un solar vacío entre la calle de L’Argentera y de La Farigola.

Actualmente, los huertos urbanos son muy populares en la ciudad de Barcelona. Éste, concretamente, lleva más de dos años en funcionamiento y se ha convertido en uno de los espacios más vivos y transitados del centro de Vallcarca. Las vallas pintadas de distintos colores –rosa, rojo, azul, verde, naranja-, las frutas y las flores dibujadas en las paredes y el verde intenso de las plantas de su interior rompen con los tonos marrones de las viviendas que lo rodean. En las paredes del fondo, junto al pozo, hay una pancarta donde se lee “Recuperem els espais morts, fem horts de vida” (recuperemos los espacios muertos, hagamos huertos de vida), frase que nos recuerda el motivo de su creación. “En el interior del huerto, las hortalizas se dividen en diferentes zonas según el tipo de planta de la que se trate. Cada zona se encuentra delimitada por los ladrillos que dibujan el camino. Todos los vecinos pueden cultivar en cada una de ellas y todas las hortalizas cosechadas son para consumo propio.”, dice Xavier.

El huerto está muy bien organizado y todo el mundo respeta las normas. Cada domingo, a partir de las 19h, se realiza una asamblea en el mismo huerto para debatir y definir las tareas que va a adoptar cada uno de los participantes.  “Regamos a diario y por turnos”, explica Xavier. En el huerto se plantan todo tipo de hortalizas. Las lechugas, los tomates, las cebollas y las zanahorias son las protagonistas, aunque también podemos encontrar alguna calabaza, puerros o calabacines. Además de hortalizas, también encontramos macetas con plantas aromáticas y árboles fruteros como el manzano.

Con la creación de esta zona destinada a la agricultura, las relaciones entre los vecinos del distrito se han visto favorecidas mediante el trabajo en equipo. Además, no todo el huerto de La Farigola está dedicado a la horticultura.  Desde su nacimiento, los impulsores han establecido una zona de descanso en donde los vecinos pueden celebrar reuniones, asambleas y realizar actividades de carácter lúdico al mismo tiempo que hacen un bien para el barrio.

Frente a los buenos resultados del huerto urbano impulsado por las entidades vecinales de Vallcarca, el Centre Heura y la Llar de Pau también se unieron a la iniciativa creando el huerto social Les Cases. Éste nació durante el año 2013 y rescató un solar vacío cedido por el Ajuntament de Barcelona, situado a las puertas del Viaducto de Vallcarca. “El huerto cuenta con un total de 500m2 cultivables y éste se ha presentado como un proyecto terapéutico para personas con riesgo de exclusión social”, dice el técnico del barrio Francesc Roma. Les Cases abre tres veces por semana y en él participan más de 20 personas sin hogar a los que se les educa en la horticultura ecológica para que puedan cultivar sus propias hortalizas ayudándoles de esta manera a integrarse en la sociedad.

Next Post:
Previous Post: