La hora azul del Top Manta

Jennifer Ramírez y Giuliana Ippoliti
Una chica sostiene un cartel que lee: "Sobrevivir no es delito, ser mantero tampoco" en reclamo de sus derechos. Fotografía por: Jennifer Ramírez
Una chica sostiene un cartel que lee: “Sobrevivir no es delito, ser mantero tampoco”. Autora: Jennifer Ramírez

Es la hora azul del día domingo en Les Rambles y sobre su piso de baldosas grises yacen decenas de mantas blancas con camisetas de Messi y Neymar, bambas “Nike” y “Adidas”, y bolsos “Gucci” y “Louis Vuitton”.“¿Qué precio tienen?” preguntan los turistas. Los vendedores, mayoritariamente senegaleses, no dejan de mirar a los lados mientras mercadean sus productos como expertos. La venta ambulante en Barcelona es ilegal y penalizada por un valor de hasta 500 Euros. La mayoría son hombres, pero también hay mujeres. Además, hay personas de otras regiones de África,  China, Pakistán e India, que venden desde pañuelos y souvenirs.  La mayoría son jóvenes, pero no todos: incluso hay hombre de 80 años que lleva décadas en el ‘negocio’ de la venta ambulante.

Algunas mujeres manteras también se hicieron presente en la protesta, en donde aprovecharon para conversar y vender algunos productos. Fotografía por: Jennifer Ramírez
Algunas mujeres manteras también se hicieron presentes en la protesta.Autora: Jennifer Ramírez

Parece que hoy no los persigue ningún policía. De fondo se escuchan los clicks de las cámaras, algo a lo que no están acostumbrados pero aceptan debido a la protesta que están llevando a cabo en esos días.“¡Ni violentos ni rateros, somos manteros!” dice una pancarta. “¿Tú me acusas de vender productos falsos? ¡Yo te acuso de falsa moral!” se lee en otra.

Los manteros se han reunido para reclamar sus derechos. Los Top Manta, como también son conocidos, se han organizado e intentan negociar con el gobierno municipal de la alcaldesa Ada Colau. Las manifestaciones que realizan cada domingo antes de caer la noche, son respuesta a la persecución y represión policial, según aseguran los líderes del sindicato, quienes dicen luchar por el respeto a sus derechos fundamentales.

“Cuando la policía te pega, te vas con tu dolor a tu casa y no pasa nada”, asegura Mamadou Derk, de casi 30 años. Este senegalés alto y delgado, de sonrisa jovial y de mirada aún franca es uno de los líderes del Sindicato Popular de Vendedores Ambulantes. Mamadou asegura que su lucha es por la igualdad entre ellos y el resto de los ciudadanos españoles.“Queremos tener papeles y buscar trabajo como todos”.

El Top Manta se organiza todos los domingos para protestar en beneficio de sus derechos como personas, en contra del racismo y la represión policial y para luchar po trabajos dignos. Fotografía por: Jennifer Ramírez
Grupo de vendedores ambulantes se junta todos los domingos para  reclamar sus derechos como personas, en contra del racismo y de la represión policial y para luchar por trabajos dignos. Autora: Jennifer Ramírez

El proyecto de un sindicato, sin embargo, carece de legalidad, según asegura la jurista Johanna Londoño. “Lo idóneo sería que se organizaran como una asociación civil”, asegura. La gran mayoría de estas personas son inmigrantes que no han podido regularizar su situación en España, y por ende no pueden conformar un sindicato legalmente.

“A ningún mantero le gusta levantarse por la mañana e ir  a la calle a vender, pero tenemos que comer”, reflexiona Mamadou. Él sí ha cambiado de vida: ahora trabaja como guardia de seguridad en un centro deportivo cerca de la estación Mundet. Sin embargo, no abandona la lucha de sus connacionales por un trabajo digno.

¿Será esto factible? Mamadou se siente ilusionado, cree en los resultados de las acciones de la organización, pero más aún, cree en el potencial de sus compañeros.

English Version:

It’s the blue hour on a Sunday afternoon on Las Ramblas. On the gray tiles of the walkway lie dozens of white sheets with Messi and Neymar jerseys, “Nike“ and “Adidas“ sneakers, and “Gucci“ and “Louis Vuitton“ totes and clutches. “What’s the price?“ ask the tourists, apparently unaware that buying counterfeit items on the streets of Barcelona is punishable with a fine of up to 500 Euros. The sellers, known as Top Manta’s because of the cloth sacks they use to carry their goods, turn their heads from left to right while they sell and merchandise their products with expertise. Most of them are Senagalese men, but on some days, women show up. There are also Africans, Chinese, Pakistanis, and Indians, selling everything from a scarf to Barcelona souvenirs. Some are young, but on Sundays, even Babá shows up, an 80-year-old Top Manta who has been in the “business” for decades.

The police are not pursuing them today. You can hear to the camera clicks in the background, something they are not used to, but accept because they are protesting. “We aren’t thieves, and we aren’t violent, we are only Top Manta!“ reads a banner. “You accuse me of selling fake products? I accuse you of false morality!“ reads another one. The street vendors have come together to claim their rights. They have been organizing in the hopes of negotiating with the Barcelona government and Mayor Ada Colau. According to the leaders of the labor union, the weekly protests are held every Sunday before nightfall as a response to police repression and as a way to defend their fundamental rights. “When the police beat you up, you leave in pain, and can’t do anything about it“ said Mamadou Derk, a 30-year-old Top Manta. With a mirthful smile and innocent look, this tall and lean Senegalese is one of the leaders of the Popular Union of Street Vendors. He affirms that they are only fighting for equality between them and the rest of Spaniards. “We want to have papers and be able to find jobs, just like everyone else,” he said.

The Top Manta get together every Sunday to protest on behalf of their rights as individuals, against racism and police repression, and for a chance at equal employment. The project of a union, however, lacks legality, according to lawyer Johanna Londoño. “It would be best if they organize as a civil association,” she explains. The vast majority of the top mantas are immigrants who have failed to regularize their life in Spain, and therefore can’t form a union legally. “None of us likes getting up in the morning and going to the streets to sell, but we need to eat,“ said Derk. His life has changed for the better. He now works as a security guard at a sports center near the Barcelona mountains. However, his struggle and desire to help remains the same. Will they be able to create the Union? Derk said he feels positive. He believes in the results of the protests, but mostly, he believes in the potential and heart of his peers.

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