Por Carla Fajardo, Felipe González Gómez y Claudia Sastre López

II. Conocer

II. Conocer por Carla Fajardo, Felipe González Gómez y Claudia Sastre López

Antonio El patriarca de Els Encants

Toda una vida en El Mercat dels Encants. Cincuenta y cuatro años son los que lleva Antonio levantándose pronto para ir a la subasta, a comprar lotes y montar parada para vender antigüedades al mejor postor. Antonio salió de Jaén con 14 años y se plantó en Barcelona para ser periodista. Trabajó en un periódico y, cuando cerró, empezó en el mercado.

No tiene familia porque nunca ha querido casarse ni tener hijos. “Siempre he tenido mis líos, me gustaba demasiado salir de noche”, dice. Ahora, a sus 73, “los encantes” son su vida y piensa quedarse hasta que el mercado le jubile. Debido a su vejez, comparte su licencia con otros vendedores inmigrantes que se encargan ahora de la compra de los lotes de subasta y de las ventas, por las que Antonio se lleva una comisión. Sin embargo, su presencia es imprescindible para que los vendedores puedan hacer transacciones. El patriarca va recogiendo billetes y los cuenta mientras se le ilumina el rostro.

Antonio

Sentado en una silla, con un bastón en las manos, saluda a los demás vendedores. Tanto los que llevan toda la vida como los recién llegados se acercan a saludarle o le hacen compañía. A veces se queda sin decir nada, siguiendo a la gente con la mirada perdida y compartiendo el silencio. Cojea de una pierna y apenas se levanta, pero su sonrisa infantil aparece de vez en cuando cubriendo toda su cara.

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Cuenta que el mismo Salvador Dalí se acercó una vez a su parada y él le pidió que le hiciera un dibujo pero Gala se lo negó. Lo recuerda con nostalgia, mientras aparecen entre los objetos y despojos extraviados en el tiempo unas fotos de Cadaqués, la ciudad de la que Dalí se enamoró y donde pasó su infancia y su vejez.

Javier Hurtado Entre Pink Floyd y Paco de Lucía

En el paseo entre los objetos inverosímiles del mercado se oye también música. La pone un hombre con chaqueta tejana y un tupé de pelo cano que parece augurar larga vida al rock.  Javier Hurtado es un hombre de pocas palabras. Lleva 30 años en El Mercat dels Encants y el cambio del antiguo lugar donde estaban Els Encants Vells al actual le ha brindado más posibilidades a su negocio.

Entre puestos de baratijas, bisutería, ropa interior y objetos de segunda mano, con apabullantes carteles fosforitos que anuncian ofertones, la tienda de Javier resulta una deliciosa escapatoria, no solo para los amantes de la música, sino también para los visitantes y clientes del mercado cansados de las compras. En el puesto de Javier se para el tiempo y uno puede emplear horas y horas mirando CDs y vinilos de diferentes tipos de música como flamenco, rock psicodélico o heavy metal. “Tengo que tener de todo porque aquí hay una gran diversidad de público”, dice. Sin embargo, confiesa que a él lo que más le gusta es el rock de los 70 y 80 porque, según dice, “es lo que me gustaba y me sigue gustando”. Con cierta modestia comenta que toca la batería desde joven y aun sigue yendo a un local de ensayo a tocar con sus amigos de vez en cuando. “Por pasar el rato, nada profesional…”.

Javier Hurtado

A través de unos pequeños altavoces colocados entre pilas de CD’s, Javier da vida a su puesto con un tema de funk-jazz interpretado por el trombonista sueco Nils Landgren “Cannonball”. Para este rockero de 53 años, Burning y Loquillo quedan en el recuerdo de los buenos tiempos. Javier, como todo buen melómano sabe apreciar cualquier tipo de música “siempre que sea buena”.

Montse Edo Sobre todo mucho led

Su vida y la de su familia han girado en torno al mercado. Para Montse Edo, el mercado ha sido el eje por el cual se tejen sus recuerdos, su historia. Fue en 1980 cuando su marido la trajo al puesto, donde tiene la sensación de haber estado siempre y, a partir de ahí, toda su familia se fue formando detrás del mostrador. Ahora que su marido no está, es ella la que tira del carro y enciende las bombillas de su parada cada día de mercado.

Con el nuevo edificio de Els Encants dice que se ha perdido cierto encanto, ciertas sensaciones: “antes el mercado era más como trabajar en la calle, vivías la calle ahora todo es más ordenado”. Se ha perdido ese mercadillo callejero donde el clima determinaba si se podía trabajar o no: “echo de menos el sol, pero ahora puedes trabajar los días de lluvia, por ejemplo. Unas cosas por otras”. Hoy atiende con una de sus hijas su puesto de electricidad donde vende linternas y leds “sobre todo muchos leds”.

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Els Encants son para Montse una especie de sucursal de su hogar, una prolongación de su sala de estar: “aquí trabaja toda mi familia, desde mi yerno hasta mis hijas. Una de ellas tiene su propio negocio allí en frente, La Petita Antena en la parada 655”. Es su hogar y por eso dice que no trabajaría en otro sitio que no fuera aquí, ni en otra cosa que no fuera atendiendo su parada en Els Encants: “no lo cambiaría por nada”.

José Manuel Giménez L'altre català

Estudió farmacia en la universidad y  trabajó durante años en un laboratorio farmacéutico como analista pero decidió darle un giro a su vida. “Cambié de trabajo porque lo que ganaba aquí en un día lo ganaba allí en un mes”, aclara. José Manuel Giménez tiene 60 años. Nació en Fuentes de Andalucía, un pequeño pueblo de Sevilla y a los pocos meses le trajeron a Barcelona así que se considera un “altre català”, un inmigrante adoptado por las tierras catalanas. Después de 27 años de trabajo en el mercado, ha ido adquiriendo puestos hasta  llegar a tener 12 con la ayuda de su hija. Afirma que es de los que más puestos tiene en el mercado.

En las distintas paradas, ofrece variedad de productos: “vendo de todo: ropa, calzados, ferretería, muebles y lotes enteros de subastas”. Sin embargo, lo que gana se lo guarda para sí mismo, porque afirma que es privado y que “unos días se gana más y otro menos, pero bueno, no nos podemos quejar”.

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Por el traslado de sus tiendas a Els Nous Encants pagó la friolera de 180.000 euros. Considera que con las nuevas instalaciones han ganado cosas pero han perdido otras. “Allí estábamos al sol y aquí estamos tapados” pero “el otro mercado tenía el encanto de 140 años y éste todavía no lo ha conseguido”. Se dedica también a las subastas cuyos lotes pueden llegar a costar unos 7.000 euros. Dice que su experiencia en el mercado está llena de recuerdos y hechos extraños y cuenta que ha comprado lotes extraños que tuvieron mucho éxito.

Kamal Sabaoume Kamal: Del mercado a la agricultura

Hace 25 años que Kamal Sabaoume llegó a España desde Al Hoceima, Marruecos. Todo este tiempo en la península lo hace decir con orgullo que “es español de origen marroquí” pues ya de su país solo le quedan los recuerdos. Los  ocho hijos de Kamal han hecho sus vidas en Europa y ven la tierra de su padre como un lugar para ir de vacaciones, no como su casa.

El primer trabajo que Kamal tuvo en España fue como mecánico, que es su profesión original, en Girona. Allí solo estuvo dos años antes de venir a Barcelona donde finalmente terminaría encontrando su lugar en Els Encants. Antes de dedicarse a participar en las subastas, Kamal recuerda que estuvo dando vueltas por el mercado entre dos y tres meses “para lograr entender cómo funcionaba, cómo se debía entrar en las subastas y cuáles eran los buenos lotes.”

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Pero Kamal no va a disfrutar por completo de Els Nous Encants, porque ya está pensando en retirarse: “ahora solo vengo a ayudar a mi hijo, que es el que se va a encargar del negocio”. A sus 65 años va a cambiar su rutina, dejará las subastas por el cuidado de las plantas.