ANA GONZÁLEZ LISTE

Santiago Pagés (Barcelona, 1941) es licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universitat de Barcelona (UB)  y miembro del Consell Assessor de Comerç de la Generalitat. Preside el grupo de Retail del Col·legi d’Economistes de Catalunya y forma parte de la Junta Directiva de Comertia (Associació Catalana de l’ Empresa Familiar del Retail). Pagés sostiene que el comercio es inseparable del turismo y defiende la diversidad frente a una invasión de negocios clónicos.

¿Por qué la Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU) está generando tantos problemas?

Se dejaron veinte años para llegar a acuerdos entre propietarios y arrendador, dejando el alquiler libre para que ahora lo regule el mercado. Muchos negociaron en los primeros años. El problema es que a partir de 1997 llegó el boom turístico y nadie lo esperaba. Por otro lado, en 2007 nos sorprendió una crisis del consumo interno, que aún perdura. Y en Barcelona tenemos la suerte de mantener una demanda internacional alta. El 31 de diciembre de 2014 finalizó la moratoria de esta ley y ahora lo que resta es tomar decisiones políticas.

¿El turismo es el motor del comercio en Barcelona actualmente?

El turismo se traduce en nuevas rentas que vienen a gastar aquí y en una ampliación de la oferta existente. La realidad es que la demanda turística se concentra en determinadas zonas, por tanto ahí el metro cuadrado se dispara. En Passeig de Gràcia puede estar entre 230-250€/m² y en Diagonal a 40€/m², la diferencia es sustancial. Esta ciudad está viviendo del turismo y los que digan otra cosa mienten.

¿Y qué decisiones políticas habría que tomar? 

Está claro que Barcelona tiene demanda y lo que ocurre es que tiene problemas para ordenar la oferta. Lo único que se ha ordenado comercialmente son los mercados municipales. El Ajuntament es el que tiene que decidir cómo emplear la tasa turística para que los beneficios del turismo se extiendan por toda la ciudad. Muchos comercios emblemáticos se han mantenido porque el alquiler no les ha subido, y otros se han conseguido adaptar a la demanda del momento. Si el producto que vendes la demanda ya no lo quiere, ¿qué quieres hacer?

¿Se puede incluir a los emblemáticos como patrimonio de la ciudad?

Si los consideramos patrimonio habría que tratarlo como un interés general de la ciudad y que desde la política se planifique su mantenimiento sin perjudicar a los propietarios de los locales. Hablamos de unas 150 tiendas y en Barcelona hay más de 80.000 establecimientos comerciales. Esto es un problema de imagen. Si se quieren conservar ciertos locales que consideran emblemáticos y crear una ruta por ellos, perfecto, pero esta decisión no la van a tomar los empresarios.

Entonces, ¿se está permitiendo que las calles del centro pierdan parte de su identidad? 

Estamos viviendo una invasión de clónicos: a esto nos referimos cuando determinadas marcas ocupan ya prácticamente la totalidad del territorio. Pienso que es necesario buscar el instrumento para evitar estas concentraciones de oferta monopolística. Y el que sea valiente lo hará. La gente ya lo está demandando.