NATALIE DONBACK

En España la venta de comida callejera desde camionetas, los llamados food-trucks, está limitada por ley a ferias y eventos privados. Al contrario de Estados Unidos, la nación de dónde viene el fenómeno, es un modelo de negocio alimentario que está por explotar en España.

En una colaboración entre la Generalitat de Catalunya y el Ajuntament de Barcelona se ha montado la feria gastronómica Mercat de Mercats durante cinco años consecutivos. Una evidencia de que es una tendencia que vale la pena explotar y regular. Varios eventos como Eat Street y el Palo Alto Market han surgido para absorber la demanda que ha generado el elevado interés por la gastronomía. Karlos Tomás, uno de los dueños de la empresa Butipá, afirma que es un modelo de negocio rentable: “Para alguien que va a trabajar como autónomo en su propio food-truck es un negocio que puede ser muy, muy interesante a nivel económico. Si se mueven van a tener un trabajo interesante sin gastos fijos”.

Food-trucks se han convertido en un negocio de moda.

Food-trucks se han convertido en un negocio de moda.

El gráfico adjunto, creado con datos de 2008 a 2011 de Open Data Barcelona (datos más recientes no están disponibles) muestra fluctuaciones grandes en el precio de alquileres de locales comerciales, algo que pone en una situación de vulnerabilidad a empresarios que alquilan sus locales, es un coste difícil de prever, algo que se evitaría con las caravanas.

Tomás tiene varios restaurantes y food-trucks exitosos. Explica que el beneficio de las caravanas está en que no tienen costes fijos como alquiler, personal, electricidad y luz. Sus costes están relacionados al uso de la caravana, algo que compara con el “pago en demanda”. Los food-trucks tienen ventajas competitivas sobre restaurantes tradicionales, entre ellos su movilidad, por lo cual muchos los ven como una competencia injusta y agresiva. Hay un hueco en el mercado de comida callejera que de momento no se aprovecha. En la primera edición de Palo Alto Market los organizadores se esperaban 3.000 personas, pero acabaron recibiendo 15.000.

Según una de las fundadoras del Palo Alto Market, Paula Mariscal, las caravanas tienen que pagar “por lo menos 300 euros” por un puesto. Son los organizadores de este tipo de eventos que se encargan de los impuestos y el IVA. También son los responsables de conseguir los premisos necesarios y del estándar de la seguridad y sanidad. Dada la reciente explosión de los food-trucks, varios de ellos encuentran difícil conseguir de entrar en los eventos organizados que muchas veces tienen largas listas de espera. Si la venta ambulante de alimentos fuera regulada por el Ajuntament de la misma manera que en los eventos, todos podrían aprovechar más de este mercado nuevo. No es algo utópico: ya hay una regulación establecida de churrerías y heladerías.

Aunque el paro en España bajó en el 2014, un 23,70 % de la población sigue sin trabajo. Una manera de crear empleo es hacerse autónomo y según la Confederació de Treballadors Autònoms de Catalunya se registraron unos 8.284 autónomos nuevos durante el año 2014. La evolución de la cantidad de autónomos se ilustra en el gráfico adjunto (datos de Open Data Barcelona).

El negocio de los food-trucks puede ser un negocio viable y rentable con una inversión relativamente baja. Las circunstancias van a mejorar con la Ley de Segunda Oportunidad que permitirá a más autónomos embarcar en nuevos proyectos en caso de fracaso en su primer negocio sin ser asfixiados por deudas. Según El Economista, el ministro de Economía Luis de Guindos tiene previsto impulsar la ley de forma inminente. Si el propietario de un restaurante se encuentra en una situación de deuda, la caravana puede ser una solución para no perder ingresos y seguir con un negocio.