Cuando compartir no está de moda

Cuando compartir no está de moda

Equipo editor

El bookcrossing es una práctica mundial nacida a principios del siglo XXI y consiste en dejar libros en lugares públicos para que los recoja cualquier persona interesada en ellos. Se trata en definitiva de un espíritu de socialización de la cultura, una forma anónima de pasar un libro como una especie de testigo que va de mano en mano. Las formas de este intercambio son muy variadas: desde el anárquico acto de dejar un libro en el banco de un parque, hasta formas más organizadas que se basan en liberaciones controladas realizadas en cafeterías y bibliotecas.

Ron Hornbaker, apasionado por los libros, fue el precursor de esta idea en 2001 en San Francisco. Hornbaker apostó por la idea de compartir libros y creó la página web que se convirtió en un fenómeno mundial. La persona que decida compartir etiqueta gratis su libro pidiendo una identificación BookCrossing (BCID) única para él. Este BCID permite seguir por dónde va un ejemplar concreto. De hecho es como un pasaporte que registra el viaje de un libro por el mundo. El sistema permite incluso que un usuario pueda crear sus propias etiquetas personalizadas.

En Barcelona este fenómeno tuvo unos inicios esperanzadores, incluso con iniciativas de bookcrossing en el sistema público de transporte. En 2009 Transports Metropolitans de Barcelona (TMB) habilitó puestos en los Centros de atención al Cliente de las estaciones de Sagrera, Universitat y Sagrada Familia y en las tiendas Bon Dia de las estaciones de Fondo, Sant Antoni, Poble Sec y Fontana. Los fondos iniciales de ese proyecto fueron aportados por las editoriales Booket y Labutxaca.

Sin embargo, poco a poco el movimiento ha languidecido y actualmente está a punto de desaparecer. El mapa digital de los puntos de bookcrossing en Barcelona muestra una oferta que ahora es más virtual que real.

El teórico mapa oficial de los puntos de Bookcrossing en Barcelona presenta lugares donde en la actualidad o no existen o han dejado de practicar el intercambio de libros. 

El Bar O’Monte Louro de la calle Aragó 61 se trasformó en un “bar Manolo” regentado por chinos. Desde el Pink Elefant, otro bar, esta vez situado en la calle Villarroel 82, dicen no haber hecho bookcrossing nunca. Los dueños del Restaurant Mediterráni de la calle Diputació 73 afirman : “después de la reforma quitamos el bookcrossing”. Un rent-a-car situado en la calle Sepúlveda 143 es ahora una tienda de bicis. Montserrat, de Ediciones Pompeia en la calle Baixada de Sant Miquel 1, afirma:“el intercambio de libros no funciona, la realidad es que la gente se los lleva pero no los devuelve”. Por otra parte, la bibliotecaria de la Biblioteca Sofía Barat apunta: “tenemos el servicio de bookcrossing pero nadie lo utiliza, ni siquiera los mismos bibliotecarios saben dónde tienen que poner las etiquetas que se endosan a los libros”.

Localización del baúl Bookcrossing de la Biblioteca Sofia Barat Un baúl de plástico con algunos ejemplares de libros es todo lo que ofrece la Biblioteca Sofia Barat

 

Sant Jordi es hoy el escaparate de una sociedad que muestra su potencia cultural. No obstante, el relativo fracaso del bookcrossing en Barcelona desvela dudas respecto a ese pretendido vigor. O al menos desvela que por estas latitudes compartir está todavía lejos de ser una práctica generalizada.

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