“Carmen” más flamencona que nunca

 CARLOS PÉREZ-VICO MOLINA

“El cariño son los celos/ es un llanto sin consuelo/ y una corona de espinas”.

Carmen se encuentra acorralada entre dos amores. Autor: Javier del Real.
Carmen se encuentra acorralada entre dos amores. Foto: Javier del Real.

Parece que el trío Quintero, León y Quiroga miraba en esa gitana, cigarrera de Sevilla, a la posible protagonista de su copla. Los compases flamencos del espectáculo contrastan con la ópera clásica que ha caracterizado siempre a la obra de Georges Bizet. Esta versión, al igual que la original, muestra a una mujer “de carácter” -una representación fuera de lo común para la época- que traspasa todas las barreras sociales que encasillan al género femenino. Una Carmen flamencona donde las haya, tanto por el carácter musical de la obra, como por el propio carácter valiente y arriesgado de la protagonista. Hasta el 10 de abril se pudo ver en el Teatre Victoria de Barcelona “Carmen”, un espectáculo dirigido por Carlos Saura con la coreografía de la Compañía Antonio Gades.

Carmen muere a manos de Don José, uno de sus amores. Autor: Javier del Real.
Carmen muere a manos de Don José, uno de sus amores. Foto: Javier del Real.

Corales, peinas y volantes forman parte de la indumentaria de sus personajes. Flamenco en vivo en las gargantas de María Carmona, Enrique Bermúdez “Piculabe” y Juañarito. Este último con la excelente interpretación del lorquiano “Verde que te quiero verde” que suena en distintas ocasiones hasta el final de la obra, y que sirve para encauzar la trama en el tiempo. No muy conseguido, por cierto. Al espectáculo le falta ese canalizador en la sucesión de escenas que habría hecho más fácil entender el argumento. Pero eso se salva porque todo el público reconoce la historia del mito de Carmen, que en 1845 escribió Prosper de Mérimée y en la que Gades y Saura se habían inspirado.

Tampoco falta la ópera que se mezclaba entre los compases flamencos de las palmas, las bulerías y coplillas de los cantaores y el taconeo de los bailaores. La composición de Bizet está presente, así como el mítico pasodoble taurino “El Gato Montés”. Lástima que es música grabada. Hubiera sido mejor en directo, pues de serlo el espectáculo hubiera resultado más redondo. Los bruscos pasos entre la parte flamenca y operística podrían haberse resuelto si hubiesen sido todos tocados en vivo. Incluso el volumen entre estos parece distinto.

Otro factor que desentona es un humor reivindicativo, mal traído, que rompe por completo con la historia cuando aparece en escena un hombre vestido de flamenca bailando torpemente y queriendo imitar los movimientos de Carmen. También aparece un pintoresco torero con una montera de plástico en la cabeza y vestido con un ridículo y colorido traje de luces. Tal vez es un intento por empatar con reivindicaciones sobre realidades actuales como la sexualidad y, la cada vez menos nacional, fiesta de los toros.

Carmen en la intimidad, provocativa y sensual. Autor: Javier del Real.
Carmen en la intimidad, provocativa y sensual. Foto: Javier del Real.

La interpretación de Carmen por Esmeralda Manzanas es excelente. Su pose escénica se torna sobrecogedora y su brillante técnica flamenca -con una postura de brazos largos que acarician el aire del alegre- embaucan. Una Carmen arrebatadora y sensual que es capaz de atrapar a cualquier galán que se pusiera por delante. “No te metas con la Carmen. La Carmen tiene un cuchillo pá quien se meta con ella” dice una de las coplillas que relata a la perfección cómo se las gastaba esta mujer de bandera, que luchaba por ser libre ante la moral establecida de su época. Gades dijo que el motivo de su obra era romper con el estereotipo femenino donde la mujer estaba sometida al hombre.

Esta cigarrera sevillana ya introducía en la sociedad de mediados del XIX el tema de la emancipación de la mujer que tanto alboroto causó en su tiempo, y que nos queda tan cercano a nuestros días. Todavía hoy existen muchas “Cármenes” aprisionadas en una lucha contra la herencia machista que, lamentablemente, aún perdura. Al fin y al cabo Carmen, aunque es una mujer aparentemente libre, no deja de estar sometida a la moral de su época y a los amoríos de hombres que ella escoge. Los celos del hombre acabarán llevándola a la muerte.